Al volante ¿nos transformamos?, o ¿sólo le ocurre a algunos? Puede ser que nos ocurra a todos, a algunos de forma permanente y a otros de forma ocasional. Pero parece que tener un volante entre las manos puede producir efectos secundarios como estupidez, estulticia o majadería.
El caso es que te encuentras metido a veces en situaciones en las que, como ya expliqué con el imbécil de “tu no ibas a 50”, intentas evitar, por sonrojo interno y por no desear participar en la asnada de ciertos escarabajos y grillos.
Bueno, pues esta vez me ha sucedido de camino a casa. Voy detrás de otro vehículo, que, una vez minorada la velocidad, dado que se dispone a franquear un cruce de calles. Lo rebasa y prosigue la marcha, pero hete aquí que, de repente, frena. Yo, por mi parte, estoy esperando que siga para poder salvar también dicho cruce. Pero dicho vehículo da marcha atrás, volviendo a transitar por el nudo citado. Yo, sigo esperando, ya con el coche del protagonista delante que viene hacia mí y, a su vez, tengo impedida la marcha atrás, dado que he rebasado un paso de peatones por el que está pasando gente. El conductor del vehículo de delante empieza a pitar-me, solicitando con su ruidosa bocina que le permita recular para poder girar y corregir su error, lejos de pensar en darle la vuelta a la manzana y rectificar su error sin molestar a los demás. Yo le hago señas de que hay peatones detrás y que, de momento, no me puedo mover.
Read the rest of this post »
Últimos Comentarios